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Hola,

Para concluir el ciclo de estas fiestas y abusando de tu amabilidad, voy a dejar que cada uno de los Reyes Magos te cuenten cuentos, no sin antes agradecerte haber recibido esta serie de emails navideños de 2016-2017, para los cuales hube de leer muchos, muchísimos cuentos y seleccionar los que finalmente fui enviando y que espero te hayan provocado emociones de diversa índole.

 

Melchor te contará:

 

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La leyenda del verdadero amigo

 

Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.

Intrigado, el amigo preguntó:

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

 

Gaspar te contará la historia de:

 

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El buscador

Jorge Bucay (“Cuentos para Pensar”)

 

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

 

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

 

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención.

 

Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

 

Una portezuela de bronce lo invita a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

 

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción…

 

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida.

 

Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

 

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

 

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años… Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

 

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

 

No, ningún familiar dijo el buscador, ¿qué pasa con este pueblo? ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?

 

El anciano se sonrió y dijo:

Puede Usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré.

 

Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

 

A la izquierda, qué fue lo disfrutado… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella.

¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?…

Y después… la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?

¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?…

¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo…?

¿y el casamiento de los amigos…?

¿y el viaje más deseado…?

¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?

¿horas?, ¿días?…

Así… vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos, cada momento.

 

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque Ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO.

 

Baltasar te contará que:

 

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Estamos de Paso

Gonzalo Gallo González

 

En el siglo pasado un turista visitó al famoso rabino polaco Hofetz Chaim. Se quedó asombrado al ver que la casa del rabino consistía sencillamente en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta.

 

-Rabino, ¿Dónde están tus muebles?, preguntó el turista.

-¿Dónde están los tuyos?, replicó Hofetz.

-¿Los míos?, pero si yo sólo soy un visitante… estoy aquí de paso.

-Lo mismo que yo, dijo el sabio rabino”.

 

Y claro, no podemos olvidar a Artabán, haya o no existido, que primero te pedirá:

 

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VALORAR LO QUE TIENES

 

Si te has despertado hoy con más salud que enfermedad, estás más bendito que el millón que no va a sobrevivir esta semana.

Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura, los dolores del hambre, estás delante de 500 millones de personas en el mundo.

Si puedes ir a la iglesia o el templo sin ser perseguido, arrestado, torturado o asesinado… estás más bendito que 3 mil millones de personas en este planeta.

Si tienes comida en tu nevera, llevas la ropa limpia, si tienes un techo encima de tu cabeza y un lugar seguro donde dormir, estás más rico que el otro 75 %.

Si tienes dinero en el banco, en tu cartera, y unas monedas en una jarra en tu casa, eres parte del 8 % de la población próspera del mundo entero.

Si tus padres están todavía vivos y casados, eres poco común…

Si llevas una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo estás bendito, porque la mayoría de la gente lo puede hacer pero no lo hace.

Si puedes leer este mensaje has recibido una doble bendición, ya que, primero alguien ha pensado en ti, y segundo, tienes más suerte que 2 mil millones de personas que no saben leer.

 

Después Artabán te hablará sobre cómo acomodar:

 

 

Piedras

 

Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los

asistentes a su conferencia.

Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre

la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:

¿Cuantas piedras piensan que caben en el frasco?.

Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras

hasta que llenó el frasco. Luego preguntó:

¿Está lleno? Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa

un cubo con gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las

piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El

experto sonrió con ironía y repitió:

¿Está lleno? Esta vez los oyentes dudaron: Tal vez no. ¡Bien!. Y puso en la mesa

un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los

pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava. ¿Está lleno? preguntó de nuevo.

¡No!, exclamaron los asistentes. Bien, dijo, y cogió una jarra de agua de un litro

que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba. Bueno, ¿qué hemos

demostrado?, preguntó.

Un alumno respondió: Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas,

siempre puedes hacer que quepan más cosas. ¡No!, concluyó el experto:

lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero,

nunca podrás colocarlas después.

¿Cuales son las grandes piedras en tu vida?. ¿Tus hijos, tus amigos, tus sueños,

tu salud, la persona amada?

Recuerda, ponlas primero. El resto encontrará su lugar.

 

Y finalmente, para demostrar que puede ser tan buen cuentacuentos como cualquiera, Artabán te contará que:
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Una cosa es hablar de la muerte y otra muy distinta morirse.

 

-El pronóstico es malo.

Javier percibió con claridad que pese al esfuerzo del médico de edulcorar la situación, sus días estaban contados.

-Cuánto tiempo me queda?, -preguntó a quemarropa.

Sorprendido, el doctor continuó moderando sus respuestas.

-Uno, dos años…

Su tono transmitía que el tiempo real era mucho menor. Seis meses? Tres? Y cuánto de ese tiempo sería con una calidad de vida razonable, antes del desbarranco final?, se preguntó Javier.

Qué vida inútil, pensó. Todo el tiempo corriendo atrás de espejismos, para que a los cincuenta años y sin previo aviso, se termine el partido. Qué absurdo todo, se lamentó para sus adentros.

Inmediatamente apareció el recuerdo de sus hijos. Dos adolescentes a los que adoraba, y a quienes había prestado muy poca atención, por estar siempre trabajando. Cuántas veces lo habían invitado a jugar, y él les contestaba que esperaran un ratito mientras terminaba lo que estaba haciendo. Como era obvio, ese momento nunca llegaba.

Los chicos aprendieron que con el papá no se podía jugar. No era que ellos estaban en un mundo de fantasía; era él quien en estaba en un mundo de tensiones y seriedad. Y aunque ellos no lo supieran, más fantasioso. Ese solía ser el universo de los adultos. Las fantasías en los niños producían alegría; en los adultos, frustración.

Se emocionó al pensar en todos los besos que no les había dado cuando tenían tres o cinco años. Se le humedecieron los ojos al tomar conciencia de todos los abrazos no dados. Se había pasado la vida librando batallas en pos de objetivos que ahora se revelaban vacíos.

En una caída libre que parecía no tener fin, sintió melancolía al no haber seguido con su ex mujer. Por qué nos separamos si los dos éramos buenas personas, y no tan distintos el uno del otro?, -se lamentó. Por qué la vida puede ser tan cruel y sin sentido?

Con lágrimas en los ojos sintió la impotencia por no haberle dado a sus hijos una familia unida; la presencia de dos padres amorosos que se llevan razonablemente bien. Sería mucho pedir?

Vino a su mente su hija menor, quien no tenía recuerdos de sus padres juntos, ya que se habían separado cuando tenía un año. Tres años más tarde y al descubrir que su padre era una buena persona, con apenas cuatro años había tenido una idea excepcional:

-Papi, quiero que te pongas de novio con mamá, -le pidió, pensando que ellos nunca habían estado juntos.

Javier casi se muere de un infarto en ese entonces, y ahora también al recordar la situación. Nada más desgarrador que frustrar a un hijo cuando hace un pedido tierno y razonable.

Se dio cuenta que en estos instantes cruciales, no tenía un solo pensamiento referido a sus proyectos, que lo habían capturado en cuerpo y en alma. Cómo era posible?

Tomó conciencia que en la hora de la verdad solo importaban los vínculos. Los besos y abrazos que había dado, las conversaciones a corazón abierto que había tenido con sus hijos, algunos pocos familiares y amigos, y lo que había ayudado.

Era posible que se hubiera pasado la vida equivocado? Dónde había surgido semejante malentendido?

Tanto guerrear con su ex en pos de nada. Sintió ganas de pedirle perdón y abrazarla.

Recordó a las personas que había traicionado. La razón había sido siempre la misma: lograr sus objetivos, con un egoísmo que le impedía ver a quien tenía enfrente. Como si el premio por lograr superara al de conectar y encontrarse con otra alma.

El médico lo miraba compasivo, percibiendo el encuentro del paciente con su propio dolor.

-Esto es todo?, -preguntó Javier.

-Por hoy le diría que sí. En una semana definimos los pasos a seguir.

-No; -lo cortó Javier con una triste sonrisa. -Le preguntaba si esto era todo lo que la vida tenía para ofrecer.

Mientras el médico permanecía en un respetuoso silencio, Javier supo que la vida ofrecía mucho más, pero que los hombres solían ignorarlo.

-Por qué no me habré dado cuenta de esto, no digo a mis veinte, pero al menos a mis cuarenta años?

-No sé si le servirá de consuelo, pero por lo que me toca ver en este consultorio, los seres humanos aprendemos a vivir recién cuando nos estamos por morir, -dijo el médico con voz suave.

El paciente lo miró pensativo. Después de un largo silencio, le dijo:

-Entonces hágame un favor; deje su consultorio e invierta el tiempo de vida que le quede en contarle esto a las personas sanas.

-Lo he pensado muchas veces, -contestó el profesional mirando al piso. –Pero sé que no va a servir de mucho.

-Entiendo…

Después de unos instantes, Javier se paró para irse. –Me voy. Es la primera vez en mi vida, que realmente no tengo tiempo que perder.

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

 

 

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Hola,

‘La vida sigue dicen -dicen-, pero no siempre es verdad. A veces la vida no sigue. A veces sólo pasan los días’.

Por ello, para iniciar el Año Nuevo 2017 seleccioné la siguiente historia de vida, increíble pero cierta, un ejemplo a seguir.

 

 

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Víspera de Año Nuevo. Decisión y constancia:

 

En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

 

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.

 

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.

 

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.

 

De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.

 

Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.

 

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.

 

Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.

Finalmente, le dieron de alta.

 

Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.

 

No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

 

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas.

Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.

 

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.

 

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.

 

Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.

 

Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad,

 

primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.

 

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.

 

Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz el mundo!

 

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Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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Hola,

Para la víspera de Año Nuevo escogí este pequeño gran poema de alguien que verdaderamente no necesita presentación:  Jorge Luis Borges.

 

 

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El sueño, Pablo Picasso.

 

El sueño.

Jorge Luis Borges.

(Obra Poética: 1923-1977, Alianza Editorial, Madrid, 1981, p. 272).

 

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?

 

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora

nos despoja de un don inconcebible,

tan íntimo que sólo es traducible

en un sopor que la vigilia dora

 

de sueños, que bien pueden ser reflejos

truncos de los tesoros de la sombra,

de un orbe intemporal que no se nombra

 

y que el día deforma en sus espejos.

¿Quién serás esta noche en el oscuro

sueño, del otro lado de su muro?

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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Hola,

Que la pases en paz y tranquilidad en compañía de tu familia y tus amigos son los deseos cariñosos de

La tribu van Rosmalen-Farías.

 

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Haarlem, Holanda.

 

Hoy escogí un cuento podría decir que a flor de piel, me superó la emoción, espero que te guste, sobre todo considerando que “Perdemos la memoria de las palabras, pero no la memoria de las emociones”, como dice Amin Maalouf, la esperanza que subyace es causarte emociones.

 

VER MORIR A SU PADRE

Thierry Maertens

 

Es la primera vez que veo morir a alguien que amo.

Señor, se que él te verá.

Conocerá tu justicia, tu amor,

tu misericordia, tu ternura.

De pronto he pensado:

Pero si es un poco de mí mismo, quien estará cerca de Tí.

El que va a morir es mi padre.

Y en él he estado yo, hasta mi nacimiento,

como un germen de vida.

Por medio de él una parte de mí mismo

comenzará ya con menos duda y torpezas a conocerte, Señor.

Me he detenido durante un rato largo a contemplar su rostro.

Su mirada poco a poco se desvía de las nuestras.

Otra sorpresa mas:  tiene miedo.

“Tengo miedo”.

Toda la familia está a su alrededor con un respeto sagrado;

su esposa lo cuida con una delicadeza y un amor admirable.

Sin embargo, él, mi padre, se ve solo.

Lo dice. Le decimos que estamos con él,

que rezamos por él. Responde: ” No, estoy solo “.

De repente comprendo, Señor,

que Tú nos quieres sin nada;

sin dinero, sin casa, sin amigos, sin hijos;

pobres de verdad, tal vez por primera vez.

Si Tú mismo, Señor, estuviste solo y desnudo ante la muerte,

 

 

¿no fue para compartir nuestra pobreza

 

antes que el Padre te colmase con sus riquezas?

 

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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Hola,

 

Para la 9ª Posada, la Nochebuena, seleccione el siguiente cuento para reflexionar.

 

 

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La Vela Apagada

Jorge Bucay (“El camino de las lágrimas”)

 

Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.

Desde la muerte y durante años no podía dormir.

Lloraba y lloraba hasta que amanecía.

Un día, cuenta el cuento, aparece un ángel en su sueño.

Le dice:

 

– Basta ya.

– Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más.

El ángel le dice:

 

– ¿Lo quieres ver?

Entonces lo agarra de la mano y lo sube al cielo.

– Ahora lo vas a ver, quédate acá.

Por una acera enorme empieza a pasar un montón de chicos, vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.

 

El hombre dice:

– ¿Quiénes son?

 

Y el ángel le responde:

– Estos son todos los chicos que han muerto en estos años y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros…

 

– ¿Mi hijo está entre ellos?

– Sí, ahora lo vas a ver.

 

Y pasan cientos y cientos de niños.

 

– Ahí viene avisa el ángel.

 

Y el hombre lo ve. Radiante, como lo recordaba.

Pero hay algo que lo conmueve: entre todos es el único chico que tiene la vela apagada, y él siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo.

 

En ese momento el chico lo ve, viene corriendo y se abraza con él.

Él lo abraza con fuerza y le dice:

 

– Hijo, ¿por qué tu vela no tiene luz?, ¿no encienden tu vela como a los demás?

– Sí, claro papá, cada mañana encienden mi vela igual que la de todos, pero ¿sabes lo que pasa?, cada noche tus lágrimas apagan la mía.

 

Deja de llorarme, papá, deja de llorar.

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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Hola,

Para la 8ª Posada, fecha en que Jan y yo completaríamos cuarenta años casados (lo conocí dos años antes cuando fui a Holanda a estudiar un posgrado y él fue mi profesor), seleccioné el siguiente cuento, se trata de una linda y cálida emoción cuando sucede que alguien que no tiene porque hacerlo se preocupa por uno, espero que te guste.

 

 

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La mesa junto a la ventana

Liana Castello

 

Habían tomado la costumbre de desayunar en la misma mesa todos los días hacía ya muchos años.

 

Elsa y José tenían un hermoso ritual. Desayunaban siempre en el mismo café, en la misma mesa junto a la ventana, pedían todos los días lo mismo y conversaban con el mismo amor que los unía hacia ya mucho tiempo.

 

Amaban ese ritual de café humeante y dulces medialunas, conversar ese rato antes de que cada uno se ocupase de sus cosas y que los atendiera siempre el mismo camarero, con igual cordialidad, una gran admiración y un dejo de envidia.

 

No bien abría el café, Mario reservaba la mesa junto a la ventana. Sabía que sus clientes preferidos no tardarían en llegar y nunca se hubiese perdonado que otra persona ocupase la mesa antes que ellos.

 

Intercambian un muy cordial saludo, algún comentario y Mario hacía tiempo que les no preguntaba qué deseaban tomar porque ya lo sabía.

 

Una mañana la mesa quedó vacía largo tiempo, tanto que fue ocupada por otras personas. Ese día Elsa y José no llegaron, pero tampoco al día siguiente, ni los muchos otros que le siguieron.

Mario estaba preocupado, pensó en que alguno de los dos se hubiese enfermado, o que tal vez hubiesen viajado y se hubiesen olvidado de comentárselo. “¡Qué extraño!”- Pensó- “Tantos años viéndonos todos los días y no sé dónde ubicarlos”.

 

Cada mañana Mario esperaba a la pareja que no acudía a la cita, cada día cuando podía, daba una vuelta por el barrio para ver si los veía o averiguaba algo sobre ellos. Se podría decir que los extrañaba.

 

La noche anterior a que la mesa de la ventana no fuese ocupada como era costumbre, Elsa había fallecido en un accidente y en cierto modo, si bien José estaba ileso, había fallecido con ella.

 

El tiempo pasó y José jamás se animó a volver a desayunar en ese café, en esa mesa, en ese lugar que tan propio les era. “No tiene sentido, sin ella no” pensó.

 

Junto a su tristeza, se acostumbró a desayunar un té con sabor a soledad y una tostada untada con el más triste de los silencios. ¿Cómo hacer para empezar una vida sin ella? ¿Cómo seguir?

 

José sabía que algún día debía retomar aunque más no fuera, parte de sus rutinas, pero nunca era el día ideal. Ya no existían días ideales, se los había llevado Elsa.

 

Una mañana, luego de estar sentado una hora frente a la taza de té y con la tostada en la mano, decidió salir a caminar. No sabía hacía dónde ir y tampoco le importó, se dejó llevar. Cuando se dio cuenta, estaba parado frente al café, ese café que tantas mañanas hermosas le había regalo junto a Elsa. No sabía cómo había llegado hasta ahí pero poco importaba. Se quedó en la vereda mirando su mesa, recordando, intentando volver el tiempo atrás como si eso fuese posible. De pronto, el saludo de Mario lo sobresaltó. El camarero estaba feliz de volver a verlo, pero poco duró su alegría cuando se enteró de la noticia.

 

_ ¿Y por qué no volvió usted?-preguntó Mario.

 

_No, sin ella no. Sin ella imposible, tantos recuerdos. No, no podría ¡La extraño tanto! ¿Sabe?

 

_Entiendo ¿cambió de confitería?

 

_No hay más confiterías para mí, no más cafés, no más charlas, todo eso terminó. Es tan difícil no verla, no sentirla, no escuchar su voz, no sé cómo haré para seguir sinceramente ¿Entiende?

 

Mario entendía, claro que entendía. El había visto el amor en los ojos de ambos, había compartido en cierto modo ese hermoso encuentro de cada mañana, había visto cómo siempre llegaban tomados de la mano y cómo se iban de la misma manera. Claro que entendía, por supuesto.

 

_ ¿Y cómo comienza su mañana? –Preguntó Mario ante la sorprendida mirada de José-¿Toma un rico café? ¿Come algo?

 

_Me hago un té y una tostada que me obligo a terminar de comer y no siempre lo logro.

 

_ ¿Desayuna con alguien?

 

_Ya no tengo con quién desayunar.

 

_Lo espero mañana-dijo Mario.

 

_No por favor, sin ella no, No podría sentarme a esta mesa sin su presencia.

 

_ ¿Y quién le dijo que ella no estará?

 

_No estoy para bromas-Respondió confundido José.

 

_Por favor no me malinterprete-se apresuró a decir Mario-Lo que le quiero decir es que, cuando la realidad no puede revertirse, cuando el dolor no tiene solución ni remedio, lo que nos queda es buscarle a esa oscura realidad su lado menos opaco.

 

José miraba al hombre sin entender demasiado, Mario prosiguió:

 

_Tal vez el lado brillante de esta realidad, sea el recuerdo de esos desayunos, de esas mañanas mágicas, haga la prueba, nada pierde ¿acaso puede ser peor que tomar un té solo en su casa?

 

Mario tomó el consejo y la mañana siguiente fue al café. La mesa estaba vacía casi como esperándolo. Se le hizo un nudo en el alma, la misma mesa, la misma vista, la misma espuma en el café y ese aroma casi embriagador. Pensó en levantarse e irse pero de pronto acudieron a él infinitos recuerdos, largas charlas, la sonrisa de Elsa, sus manos tomadas, alguna discusión, muchas risas. Se dio cuenta que, tal como había dicho Mario, Elsa también estaba allí, como si nunca se hubiese ido.

 

Con el tiempo retomó esa costumbre diaria y no sintió que lo hiciese solo pues cada vez que se sentaba a la mesa, sentía a Elsa junto a él. Era como que ese ratito de la mañana, antes de comenzar su día, seguía siendo de ellos, como antes, como siempre.

 

Después de todo ¿Quién dijo que los seres que parten no están con nosotros? ¿Por qué pensar que si no los vemos no están? Quien nos ama no nos abandona cuando parte, escucha nuestros llamados, calma nuestro dolor, comparte nuestros recuerdos y ¿por qué no? también acude a una cita por la mañana temprano, taza de café por medio.

 

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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Hola,

Para la 7ª Posada seleccioné el siguiente cuento, su título lo dice todo.

 

 

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Soledad.

Lydia Giménez Llort.

 

Mi vida era, simple y llanamente, normal. Y de repente, de repente, sin preguntar si era buen momento, sin preguntar si estaba preparada, sin preguntar si me veía capaz…alguien se acercó para susurrarme algo al oído. Lo hizo sigilosamente, con pasitos cortos y suaves, como el que teme despertar a un bebé recién dormido…

 

Fueron sólo cuatro palabras, breves, entrecortadas por largos silencios, zurcidas entre sí por el dolor y el miedo. Tenían por sujeto alguien que jamás soñó con tan desgraciado predicado.

 

Y así, pasando de la vida normal al peor de los sueños, sentí cómo el mundo se detenía. Simplemente, dejó de girar. Los minutos, las horas pasaron y mi mundo tenía muchas otras razones pero le faltaban fuerzas para dar una vuelta más. Así me sentí, durante ése y muchos otros días, demasiados días.

 

Incredulidad, culpa, desconsuelo y soledad.

Culpa, desconsuelo y soledad.

Desconsuelo y soledad.

Soledad.

Soledad, soledad.

Eterna soledad.

 

¿Cómo podía sentirse tanto vacío estando rodeado de quienes aún te aman?

¿Cómo sobrevivir siendo una gota de agua en medio de un ardiente desierto?

¿Cómo levantar la llama que sin aire se ahoga?

¿Cómo surcar el mar en velero en contra del viento?

¿Cómo nadar si ya no existe el mar?

Conmigo misma, a solas, fui buscando respuestas, como el ciego que camina en un bosque sin guía.

 

Durante aquellos primeros meses su recuerdo irrumpía en mi pensamiento a todas horas, atropelladamente, sin previo aviso. Más tarde empezó a entrar en él tímidamente, para luego ir difuminándose de tanto pasearse hasta, poco a poco, convertirse en fiel compañero. Y fue así, casi sin darme cuenta, como su estela de luz iluminó mi camino con la levedad propia de un ángel. Y aunque sigo sintiéndome sola, algunas veces, cuando a nadie tiene por testigo, noto que se me acerca. No pregunta si es buen momento, ni si estoy preparada, ni si me veo capaz. Él da por hecho que le he tendido mi mano. Es entonces, cuando siento la ternura de su pueril sonrisa que llena mi vacío y en medio de traviesas risas me hace creer que soy oasis. Percibo la suave caricia de un soplo de aire que alienta mi alma y cambia el rumbo de mis pensamientos. Lloro, lloro como una niña…y al verme inmersa en el mar de lágrimas me reconcilio con Dios.

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

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