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¡Año Nuevo 2017!


Hola,

‘La vida sigue dicen -dicen-, pero no siempre es verdad. A veces la vida no sigue. A veces sólo pasan los días’.

Por ello, para iniciar el Año Nuevo 2017 seleccioné la siguiente historia de vida, increíble pero cierta, un ejemplo a seguir.

 

 

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Víspera de Año Nuevo. Decisión y constancia:

 

En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

 

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.

 

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.

 

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.

 

De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.

 

Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.

 

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.

 

Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.

Finalmente, le dieron de alta.

 

Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.

 

No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

 

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas.

Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.

 

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.

 

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.

 

Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.

 

Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad,

 

primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.

 

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.

 

Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz el mundo!

 

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Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

Víspera de Año Nuevo.


Hola,

Para la víspera de Año Nuevo escogí este pequeño gran poema de alguien que verdaderamente no necesita presentación:  Jorge Luis Borges.

 

 

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El sueño, Pablo Picasso.

 

El sueño.

Jorge Luis Borges.

(Obra Poética: 1923-1977, Alianza Editorial, Madrid, 1981, p. 272).

 

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?

 

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora

nos despoja de un don inconcebible,

tan íntimo que sólo es traducible

en un sopor que la vigilia dora

 

de sueños, que bien pueden ser reflejos

truncos de los tesoros de la sombra,

de un orbe intemporal que no se nombra

 

y que el día deforma en sus espejos.

¿Quién serás esta noche en el oscuro

sueño, del otro lado de su muro?

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.


Hola,
Primero unos cuentos de niñ@s, todos l@s pequeñines hermos@s que pelean simplemente por ser, que nacen totalmente desvalidos y necesitados de la ayuda de los mayores para ello,  Santos Inocentes.

Luego la realidad de muchos nin@s.

Subyace una vez más tocar tu corazón, al niñ@ que llevas dentro, espero lograrlo.

 

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¿Qué es ser niño?

BrisaMariana (Pseudónimo).

 

Ser niño es ser grande a los ojos de la imaginación

soñar con crecer y ser alguien creado en el corazón

ser piloto, futbolista, cirujano o contador

o todo aquello que creemos es la mejor profesión.

 

Ser niño es ser ave que vuela libre sin reposo

en busca de la libertad y del enorme gozo

que provoca pensar en ser independiente

y poder decir a mamá “soy autosuficiente”.

 

Ser niño es creer en cuentos de espanto y miedo

a la vez que se espera a reyes de oriente lejos

que regalan con juguetes al buen comportamiento

y agasajan a los peques de corazón no pequeño.

 

Ser niño es mirar con esperanza al cielo

suponiendo que al crecer éste será más bello

y solo esperar con ansias el gran momento

de ser grandes y crear su propio universo.

 

Ser niño es solo ser inocente de intelecto

comprender con el corazón y no con el pensamiento

tener aún la ilusión y la alegría al viento

que se tiene al vivir como viven los sin miedo.

 

 

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El Ángel de los niños.

Autor desconocido.

 

Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios.

Me vas a enviar mañana a la tierra; pero, ¿como viviré tan pequeño e indefenso como soy?

Entre muchos Ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando: el te cuidara.

Pero dime: aquí en el cielo, no hago mas que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.

Tu Ángel te cantara, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz.

Y ¿como entender cuando la gente me hable? si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres.

Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariñote enseñara a hablar.

Y, ¿Que hará cuando quiera hablar contigo?

Tu Ángel te juntara las manitas y te enseñara a orar.

He oído que la tierra hay hombres malos ¿Quien me defenderá?

Tu Ángel te defenderá aun a costa de su vida.

Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.

Tu Ángel te hablara de Mi y te enseñara el camino para que regreses a mi presencia, aunque; Yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestre, y el niño presuroso, repetía suavemente:

Dios Mío, si ya me voy, dime su nombre, ¿Cómo se llama mi Ángel?

Su nombre no importa, tú le llamarás “Mamá”.

 

«Dios no pudiendo estar en todas partes puso en el mundo a las madres» (Proverbio árabe)

 

 

Éste ya no es un cuento, es la realidad. Sabías que uno de cada tres niños sirios no conoce más que la guerra. Entonces, ¿Quién va a rendirle cuentas a estos Santos Inocentes?

 

 

Niño sirio: "Cuando muera le contaré todo a Dios"

Éste es el niño, pocas horas después murió.

 

“Un hecho que ha llamado la atención internacional, que diversos medios han publicado, es lo que dijo un pequeño niño sirio momento antes de morir.

 

“Días atrás se dio a conocer una frase muy conmovedora de este pequeño valiente. Este niño se encontraba en las últimas horas de su vida, ya que estaba muy herido producto de esa guerra tan irracional.

 

El pequeño niño de tan sólo tres años de edad, dijo antes de morir: “Voy a contarle todo a Dios“. Un menor que sufre las consecuencias de la guerra en Siria.

Fuente

 

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

¡Hoy es Navidad!


Hola,

Que la pases en paz y tranquilidad en compañía de tu familia y tus amigos son los deseos cariñosos de

La tribu van Rosmalen-Farías.

 

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Haarlem, Holanda.

 

Hoy escogí un cuento podría decir que a flor de piel, me superó la emoción, espero que te guste, sobre todo considerando que “Perdemos la memoria de las palabras, pero no la memoria de las emociones”, como dice Amin Maalouf, la esperanza que subyace es causarte emociones.

 

VER MORIR A SU PADRE

Thierry Maertens

 

Es la primera vez que veo morir a alguien que amo.

Señor, se que él te verá.

Conocerá tu justicia, tu amor,

tu misericordia, tu ternura.

De pronto he pensado:

Pero si es un poco de mí mismo, quien estará cerca de Tí.

El que va a morir es mi padre.

Y en él he estado yo, hasta mi nacimiento,

como un germen de vida.

Por medio de él una parte de mí mismo

comenzará ya con menos duda y torpezas a conocerte, Señor.

Me he detenido durante un rato largo a contemplar su rostro.

Su mirada poco a poco se desvía de las nuestras.

Otra sorpresa mas:  tiene miedo.

“Tengo miedo”.

Toda la familia está a su alrededor con un respeto sagrado;

su esposa lo cuida con una delicadeza y un amor admirable.

Sin embargo, él, mi padre, se ve solo.

Lo dice. Le decimos que estamos con él,

que rezamos por él. Responde: ” No, estoy solo “.

De repente comprendo, Señor,

que Tú nos quieres sin nada;

sin dinero, sin casa, sin amigos, sin hijos;

pobres de verdad, tal vez por primera vez.

Si Tú mismo, Señor, estuviste solo y desnudo ante la muerte,

 

 

¿no fue para compartir nuestra pobreza

 

antes que el Padre te colmase con sus riquezas?

 

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.


Hola,

 

Para la 9ª Posada, la Nochebuena, seleccione el siguiente cuento para reflexionar.

 

 

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La Vela Apagada

Jorge Bucay (“El camino de las lágrimas”)

 

Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.

Desde la muerte y durante años no podía dormir.

Lloraba y lloraba hasta que amanecía.

Un día, cuenta el cuento, aparece un ángel en su sueño.

Le dice:

 

– Basta ya.

– Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más.

El ángel le dice:

 

– ¿Lo quieres ver?

Entonces lo agarra de la mano y lo sube al cielo.

– Ahora lo vas a ver, quédate acá.

Por una acera enorme empieza a pasar un montón de chicos, vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.

 

El hombre dice:

– ¿Quiénes son?

 

Y el ángel le responde:

– Estos son todos los chicos que han muerto en estos años y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros…

 

– ¿Mi hijo está entre ellos?

– Sí, ahora lo vas a ver.

 

Y pasan cientos y cientos de niños.

 

– Ahí viene avisa el ángel.

 

Y el hombre lo ve. Radiante, como lo recordaba.

Pero hay algo que lo conmueve: entre todos es el único chico que tiene la vela apagada, y él siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo.

 

En ese momento el chico lo ve, viene corriendo y se abraza con él.

Él lo abraza con fuerza y le dice:

 

– Hijo, ¿por qué tu vela no tiene luz?, ¿no encienden tu vela como a los demás?

– Sí, claro papá, cada mañana encienden mi vela igual que la de todos, pero ¿sabes lo que pasa?, cada noche tus lágrimas apagan la mía.

 

Deja de llorarme, papá, deja de llorar.

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

8ª Posada 2016.


Hola,

Para la 8ª Posada, fecha en que Jan y yo completaríamos cuarenta años casados (lo conocí dos años antes cuando fui a Holanda a estudiar un posgrado y él fue mi profesor), seleccioné el siguiente cuento, se trata de una linda y cálida emoción cuando sucede que alguien que no tiene porque hacerlo se preocupa por uno, espero que te guste.

 

 

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La mesa junto a la ventana

Liana Castello

 

Habían tomado la costumbre de desayunar en la misma mesa todos los días hacía ya muchos años.

 

Elsa y José tenían un hermoso ritual. Desayunaban siempre en el mismo café, en la misma mesa junto a la ventana, pedían todos los días lo mismo y conversaban con el mismo amor que los unía hacia ya mucho tiempo.

 

Amaban ese ritual de café humeante y dulces medialunas, conversar ese rato antes de que cada uno se ocupase de sus cosas y que los atendiera siempre el mismo camarero, con igual cordialidad, una gran admiración y un dejo de envidia.

 

No bien abría el café, Mario reservaba la mesa junto a la ventana. Sabía que sus clientes preferidos no tardarían en llegar y nunca se hubiese perdonado que otra persona ocupase la mesa antes que ellos.

 

Intercambian un muy cordial saludo, algún comentario y Mario hacía tiempo que les no preguntaba qué deseaban tomar porque ya lo sabía.

 

Una mañana la mesa quedó vacía largo tiempo, tanto que fue ocupada por otras personas. Ese día Elsa y José no llegaron, pero tampoco al día siguiente, ni los muchos otros que le siguieron.

Mario estaba preocupado, pensó en que alguno de los dos se hubiese enfermado, o que tal vez hubiesen viajado y se hubiesen olvidado de comentárselo. “¡Qué extraño!”- Pensó- “Tantos años viéndonos todos los días y no sé dónde ubicarlos”.

 

Cada mañana Mario esperaba a la pareja que no acudía a la cita, cada día cuando podía, daba una vuelta por el barrio para ver si los veía o averiguaba algo sobre ellos. Se podría decir que los extrañaba.

 

La noche anterior a que la mesa de la ventana no fuese ocupada como era costumbre, Elsa había fallecido en un accidente y en cierto modo, si bien José estaba ileso, había fallecido con ella.

 

El tiempo pasó y José jamás se animó a volver a desayunar en ese café, en esa mesa, en ese lugar que tan propio les era. “No tiene sentido, sin ella no” pensó.

 

Junto a su tristeza, se acostumbró a desayunar un té con sabor a soledad y una tostada untada con el más triste de los silencios. ¿Cómo hacer para empezar una vida sin ella? ¿Cómo seguir?

 

José sabía que algún día debía retomar aunque más no fuera, parte de sus rutinas, pero nunca era el día ideal. Ya no existían días ideales, se los había llevado Elsa.

 

Una mañana, luego de estar sentado una hora frente a la taza de té y con la tostada en la mano, decidió salir a caminar. No sabía hacía dónde ir y tampoco le importó, se dejó llevar. Cuando se dio cuenta, estaba parado frente al café, ese café que tantas mañanas hermosas le había regalo junto a Elsa. No sabía cómo había llegado hasta ahí pero poco importaba. Se quedó en la vereda mirando su mesa, recordando, intentando volver el tiempo atrás como si eso fuese posible. De pronto, el saludo de Mario lo sobresaltó. El camarero estaba feliz de volver a verlo, pero poco duró su alegría cuando se enteró de la noticia.

 

_ ¿Y por qué no volvió usted?-preguntó Mario.

 

_No, sin ella no. Sin ella imposible, tantos recuerdos. No, no podría ¡La extraño tanto! ¿Sabe?

 

_Entiendo ¿cambió de confitería?

 

_No hay más confiterías para mí, no más cafés, no más charlas, todo eso terminó. Es tan difícil no verla, no sentirla, no escuchar su voz, no sé cómo haré para seguir sinceramente ¿Entiende?

 

Mario entendía, claro que entendía. El había visto el amor en los ojos de ambos, había compartido en cierto modo ese hermoso encuentro de cada mañana, había visto cómo siempre llegaban tomados de la mano y cómo se iban de la misma manera. Claro que entendía, por supuesto.

 

_ ¿Y cómo comienza su mañana? –Preguntó Mario ante la sorprendida mirada de José-¿Toma un rico café? ¿Come algo?

 

_Me hago un té y una tostada que me obligo a terminar de comer y no siempre lo logro.

 

_ ¿Desayuna con alguien?

 

_Ya no tengo con quién desayunar.

 

_Lo espero mañana-dijo Mario.

 

_No por favor, sin ella no, No podría sentarme a esta mesa sin su presencia.

 

_ ¿Y quién le dijo que ella no estará?

 

_No estoy para bromas-Respondió confundido José.

 

_Por favor no me malinterprete-se apresuró a decir Mario-Lo que le quiero decir es que, cuando la realidad no puede revertirse, cuando el dolor no tiene solución ni remedio, lo que nos queda es buscarle a esa oscura realidad su lado menos opaco.

 

José miraba al hombre sin entender demasiado, Mario prosiguió:

 

_Tal vez el lado brillante de esta realidad, sea el recuerdo de esos desayunos, de esas mañanas mágicas, haga la prueba, nada pierde ¿acaso puede ser peor que tomar un té solo en su casa?

 

Mario tomó el consejo y la mañana siguiente fue al café. La mesa estaba vacía casi como esperándolo. Se le hizo un nudo en el alma, la misma mesa, la misma vista, la misma espuma en el café y ese aroma casi embriagador. Pensó en levantarse e irse pero de pronto acudieron a él infinitos recuerdos, largas charlas, la sonrisa de Elsa, sus manos tomadas, alguna discusión, muchas risas. Se dio cuenta que, tal como había dicho Mario, Elsa también estaba allí, como si nunca se hubiese ido.

 

Con el tiempo retomó esa costumbre diaria y no sintió que lo hiciese solo pues cada vez que se sentaba a la mesa, sentía a Elsa junto a él. Era como que ese ratito de la mañana, antes de comenzar su día, seguía siendo de ellos, como antes, como siempre.

 

Después de todo ¿Quién dijo que los seres que parten no están con nosotros? ¿Por qué pensar que si no los vemos no están? Quien nos ama no nos abandona cuando parte, escucha nuestros llamados, calma nuestro dolor, comparte nuestros recuerdos y ¿por qué no? también acude a una cita por la mañana temprano, taza de café por medio.

 

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.

7ª Posada 2016.


Hola,

Para la 7ª Posada seleccioné el siguiente cuento, su título lo dice todo.

 

 

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Soledad.

Lydia Giménez Llort.

 

Mi vida era, simple y llanamente, normal. Y de repente, de repente, sin preguntar si era buen momento, sin preguntar si estaba preparada, sin preguntar si me veía capaz…alguien se acercó para susurrarme algo al oído. Lo hizo sigilosamente, con pasitos cortos y suaves, como el que teme despertar a un bebé recién dormido…

 

Fueron sólo cuatro palabras, breves, entrecortadas por largos silencios, zurcidas entre sí por el dolor y el miedo. Tenían por sujeto alguien que jamás soñó con tan desgraciado predicado.

 

Y así, pasando de la vida normal al peor de los sueños, sentí cómo el mundo se detenía. Simplemente, dejó de girar. Los minutos, las horas pasaron y mi mundo tenía muchas otras razones pero le faltaban fuerzas para dar una vuelta más. Así me sentí, durante ése y muchos otros días, demasiados días.

 

Incredulidad, culpa, desconsuelo y soledad.

Culpa, desconsuelo y soledad.

Desconsuelo y soledad.

Soledad.

Soledad, soledad.

Eterna soledad.

 

¿Cómo podía sentirse tanto vacío estando rodeado de quienes aún te aman?

¿Cómo sobrevivir siendo una gota de agua en medio de un ardiente desierto?

¿Cómo levantar la llama que sin aire se ahoga?

¿Cómo surcar el mar en velero en contra del viento?

¿Cómo nadar si ya no existe el mar?

Conmigo misma, a solas, fui buscando respuestas, como el ciego que camina en un bosque sin guía.

 

Durante aquellos primeros meses su recuerdo irrumpía en mi pensamiento a todas horas, atropelladamente, sin previo aviso. Más tarde empezó a entrar en él tímidamente, para luego ir difuminándose de tanto pasearse hasta, poco a poco, convertirse en fiel compañero. Y fue así, casi sin darme cuenta, como su estela de luz iluminó mi camino con la levedad propia de un ángel. Y aunque sigo sintiéndome sola, algunas veces, cuando a nadie tiene por testigo, noto que se me acerca. No pregunta si es buen momento, ni si estoy preparada, ni si me veo capaz. Él da por hecho que le he tendido mi mano. Es entonces, cuando siento la ternura de su pueril sonrisa que llena mi vacío y en medio de traviesas risas me hace creer que soy oasis. Percibo la suave caricia de un soplo de aire que alienta mi alma y cambia el rumbo de mis pensamientos. Lloro, lloro como una niña…y al verme inmersa en el mar de lágrimas me reconcilio con Dios.

 

Saludos cordiales,

Dra. Consuelo Farías-van Rosmalen.